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Almorzabas todos los días en el mismo bar. Era un bar raro, que tenía un solo plato: polenta hervida. Todos los días. Sola, así, sin manteca, salsa, queso, nada. Polenta. Hervida. La comiste durante varios años, con resignación.
Cuando cambiaron el plato anterior por polenta hervida, muchos se fueron a almorzar a otro bar. Otros se quedaron. Algunos porque en ese bar seguían almorzando sus amigos. Otros se hubieran querido ir a otro bar, pero no les alcanzaba la plata.
Un día, echan al cocinero, traen otro, y cambian el plato del día a empanadas de carne.
Al principio las comías con desconfianza. Después de un tiempo, viste que no estaban tan mal. Algunas eran mejores, otras más feas, a algunas claramente les faltaba un poco de cocción.
A veces te hubiera gustado que al menos salga una tanda para los que nos gustaban de jamón y queso. Pero en general, más o menos eran ricas. Y, ey! eran empanadas. De hecho, muchos de los que se habían ido al otro bar volvieron cuando supieron de las empanadas.
En el bar pasan cosas muy graciosas. Hay fanáticos —mal— de las empanadas. Hay otros que las odian. Cuando se cruzan, se arman discusiones grosas sobre cualquier tema: si son mejores las tucumanas o las salteñas, si la masa tiene que ser de hojaldre o criolla, si son mejores en forma de semicírculo o en forma de canastita.
Hay otro grupito que las empanadas les parecen bien, pero están indignados con la forma del repulgue. Pero indignados, indignados. In-dig-na-dos.
Y así, como quien no quiere la cosa, morfaste empanadas de carne por 12 años. En el último tiempo, los mismos que estaban indignados por la forma del repulgue, ahora también están que explotan porque día por medio la cocinera salía un toque de la cocina y te contaba cómo hacía las empanadas. “Ahora les estamos poniendo huevo durooo” decía, en medio del salón, un poco a los gritos. Y se volvía a meter en la cocina.
Los del bar ya avisaron que no le van a renovar el contrato. Y ahora, los que almorzamos en el bar, tuvimos que elegir entre dos cocineros nuevos.
A uno lo propuso la cocinera saliente. Es un tipo que iva a seguir con las empanadas de carne, pero sabías que le va a terminar poniendo pasas de uva al relleno, y azúcar arriba.
El otro, quería cambiar las empanadas por “fried stuffed pastry”. Unas empanadas más cool, que vienen presentadas en un plato de colores, y que se ven bien horneaditas y brillosas.
Finalmente ganó la compulsa el cocinero de las empanadas fashion.
Pero muchos tuvieron que morderlas para darse cuenta de que esas empanadas tan coloridas y bien horneadas están rellenas de polenta. Hervida.