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Votaste en contra propia y la realidad te está cagando a bifes, pero la seguís remando. Ayer te vi haciendo la cola para cargar nafta y ganarte unos mangos con el aumento. Escuchabas con gesto orgásmico que Michetti despidió cuatro mil laburantes y que Lombardi rajó al 85% de los empleados del Centro Cultural Kirchner. Festejaste que los remedios bajaron un 7% pero te olvidaste —o nunca te enteraste— que entre octubre y diciembre subieron un 60% y asentís con la cabeza mientras Funes de Rioja te dice en la radio que los precios de los alimentos no se retrotraerán a noviembre.
Tu capacidad de entender a los poderosos es infinita. Para vos, la culpa siempre la tienen los débiles, como cuando a ese matrimonio amigo, la chica que los ayuda(ba) les clavó un juicio por haberla tenido 3 años trabajando en negro. “¿Te das cuenta cómo son?”, murmurás con indignación. En tu cosmovisión, la chica que te limpia el inodoro no debe estar en blanco. Pero no es tu culpa, a veces llego a pensar que sos una víctima más del drama argentino, un pobre diablo, pero confundido, formateado para razonar que si a los de arriba les va bien, a vos te quedarán algunas sobras. En el barrio te vieron mejorar los últimos 10 años: Empezaste por pasar a los pibes a una privada.
Baratita, pero privada.
Cambiaste el auto y hasta pudiste comprar un departamento, pero siempre estuviste convencido de que todo fue la consecuencia exclusiva de tu esfuerzo personal pese a que el kirchnerismo hacía de todo para cagarte la vida siendo que, en realidad, generaba las condiciones para que te fuera cada día mejor.
Bien, ahora te quiero ver: Te subió un 50% el vitel toné, la nafta se arrima de a poco a los 20 mangos; el dólar va camino a los 16 en febrero… ¡y atajate cómo sigue! Falta que te llegue el aumento del celu, de la prepaga, del cole. Que el gas y la luz suban un 400%, así, como para empezar el año. Pero no hay caso: vas a seguir convencido de que lo que están haciendo es el duro tránsito de la dictadura populista a un país “normal” y que estas palabras son escritas por el resentimiento y el dolor de ya no ser.
Y los mercados lo saben, saben que cuentan con un colchón de innumerables argentinos como vos, convencidos de que lo importante es que los números cierren, y que el déficit fiscal, el clima de negocios, la confianza de los productores y una infinidad de frases hechas que venís escuchando desde que tenés uso de razón, por eso la virulencia con que Macri embiste contra la Ley de Medios, porque hablar de medios es hablar de la más sofisticada maquinaria de lavado y formateo de cerebros. El kirchnerismo tuvo algunos aciertos. El mejor, sin dudas, visualizar dónde estaba la fuente de generación de ideología para la dependencia y gestionar en función de la desarticulación de esa compleja maquinaria que convence a la víctima de sostener los derechos que asisten al victimario. No lo consiguió. No pudo desmontarla pero sí logró que muchísimos compatriotas empezaran a verla y enfrentarla. Ahora faltaría que vos lo vayas viendo, poco a poco, en tu intimidad. Vos, que de buena fe creíste aquello del “estamos mal pero vamos bien” en los tiempos de Menem y el “estamos bien pero vamos mal” durante la década kirchnerista, vas a ir comprobando de a poco cómo son las consecuencias del retorno a ese supuesto país normal, y ahí te quiero ver. Lo más probable, a pesar de todo, es que sigas bancando al gobierno porque, al fin y al cabo, es como que no te queda otra. Seguro que volverás a mandar a los pibes a la pública y lo fundamentarás diciendo que “ahora no hay tantos paros y mejoró el nivel”, luego volverás al hospital del barrio, pasarás el auto a gas y te irás cayendo de a poco, pero convencido de que el país mejora.
¿Sabés qué es lo que me desespera? Que cuando estés al borde de la agonía, volveremos a ganar y ahí vas a volver a mejorar y a putearnos.
Eso me desespera.