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Ayer leí que fui un ñoqui, que formo parte de una montón de basura que, aunque ajena, será limpiada. También puede ser que haya ido a trabajar seis días por mes o que sea militante kirchnerista (todavía no sé si puesta por Augusto Costa o Guillermo Moreno) y eso justifique mi actual desempleo.

Ayer me dijeron -con un tono bastante diferente al de Soda- que no era nada personal, ni conmigo ni con mi desempeño. Que no importaba -porque no iba a ser ponderado- si mis superiores consideraban que yo trabajaba bien (o no). Me dijeron también que no era un despido sino una decisión de no renovar mi contrato porque era un tipo de contratación muy precaria y un gobierno no puede permitir tales cosas. Me pidieron que me retirara al finalizar mi turno y no volviera el lunes.

Ayer me dijeron también que si todos los empleados públicos fueran a trabajar las oficinas no alcanzarían. Pero nada dijeron sobre mi asistencia. También me dijeron que hay una sobredimensión que no hace eficiente al Estado en sus tareas. También agregaron, cuando opiné que el equipo en el que trabajaba tenía tareas muy concretas y gente particularmente destinada a cada una, que no piense en equipos, que el Estado es muy grande como para que yo piense en el equipo en el que yo laburaba (y de nuevo, que no era nada personal).

También andaba circulando por la Secretaría de Comercio la idea de que nadie dijera mucho, de que no hacía falta levantar mucho la voz porque bueno, cada uno sabía lo que iba a hacer y su caso particular.

Ayer, por suerte o por bronca o por necesidad -no lo sé- yo pude decir unas cuantas cosas de las que pienso sobre todo esto: por un lado que no hay lugar para individualidades. Estamos siendo despedidos en masa. En algunos lados 130, en otros 500 o de a mil. Y que quede claro, no estamos siendo despedidos sólo quienes no tenemos más nuestro puesto de laburo; estamos siendo despedidos como sociedad de la gestión y garantía de nuestros propios derechos.

También pude poner sobre la mesa -aunque con alguno mocos y lágrimas mediante- la discordancia absoluta con el criterio adoptado y la lógica perversa que se reproduce: quienes nos encontramos en peores condiciones de contratación, en la mayor precariedad, somos los primeros en ser doblemente precarizados, los primeros en sufrir directamente las consecuencias de esa inestabilidad tan fuertemente criticada en mi cara por el discurso oficial. Es esa precariedad “heredada” -como si no hubiese sido nunca adoptada en las carteras que esta gestión ya manejaba- la que les permite tomar esta decisión y que la consecuencia la paguemos nosotros y nosotras. La arbitrariedad es absoluta y el doble discurso constante.

Ayer también hablaba con mi mamá y nos preguntábamos qué había que hacer para desarticular de la manera que sea la idea que está instalada en la opinión pública sobre los ñoquis que no trabajamos, sobre que “algo habremos hecho” o que “el gobierno está en su derecho de no renovar”. Yo creo que una parte, chiquita seguro pero una parte al fin, es esta: es contar que soy tu amiga, tu hermana, tu sobrina, prima, amiga de amigos, conocida de la facultad, compañera del secundario o la primaria la que fue despedida y así nos imaginemos esta historia multiplicada por miles -a veces así o parecidas; otras por ejemplo con represión policial de por medio-.

El resto de esa desarticulación estoy convencida de que hay que conseguirla militando, no resistiendo, no esperando, no atrincherándose, no discutiendo por facebook. Hay que salir, poner el cuerpo y la cabeza, dar la discusión día a día con palabras y con acciones, con praxis política y por sobre todas las cosas en unidad. La unidad la necesitamos no (sólo) para que yo ni los miles de despedidos recuperemos nuestros puestos de laburo; la necesitamos para que no nos hagan mierda una y otra vez como país y podamos construir una alternativa que deje de seguir golpeando a los de abajo para que les siga lloviendo guita a los de arriba.

Ayer, de changüí, me ofrecieron que ante cualquier necesidad había una carta de recomendación disponible para mí en el despacho lindero a la sala de reuniones donde me despidieron. Ayer, se ve que el cinismo estaba a la orden del día.

@Almibandy

* Trabajadora estatal despedida el viernes 8 de enero de 2016