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El ñoqui de mi laburo venía a trabajar todos los días ocho horas. De 9 a 17 Hs. A veces llegaba tarde y se quedaba un rato más. A veces se quedaba fuera de horario porque tenía que terminar no sé qué cosa. A veces comía en la computadora cerrando informes otras se iba a vaguear al comedor malgastando la plata de todos osando comer un plato de comida en media hora.

El ñoqui de mi laburo tiene dos pibes y una esposa, estaba garpando una hipoteca. Se lo veía contento porque se iba a ir unos días a Córdoba después de mucho esfuerzo. El ñoqui de mi laburo tenía un par de proyectos para hacer en la oficina. Un día al ñoqui de mi laburo lo llamaron desde la casa avisándole que le había llegado la carta documento que anunciaba su despido.

El ñoqui no la recibió en mano porque estaba en la oficina. Los ojos llorosos y la cara de desesperación del ñoqui cuando oyó la noticia no me movieron ni un pelo. Lo tenía merecido. Si es un ñoqui.
Por lo menos eso dicen los diarios.

Diego Meton