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No nací siendo kirchnerista, tampoco me hice kirchnerista de un día para otro, fueron sentimientos encontradas, la ilusión de que mi país saliera adelante allá por el 2003 me hizo confiar en un partido político que representaba hasta ese entonces en palabras lo que muchos queríamos, igualdad, bienestar y todo lo que un pueblo puede querer para vivir en condiciones optimas. Cuando el 20 de diciembre del 2001, De la Rúa abandonó en helicóptero la Casa Rosada, quedó en claro que sólo el peronismo aseguraba gobernabilidad en la recuperada democracia argentina.

Los días pasaban, Argentina no tenía un respiro, cada día estábamos peor, lo recuerdo, era chico pero lo recuerdo. Los episodios desagradables que íbamos viviendo los argentinos, nos quitaban las esperanzas, hasta que Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner gobernaron la Nación, implementando, adecuadas a los tiempos, las políticas fundacionales de este gran movimiento. Con ellos vivimos una nueva actualización política en la toma del poder. El peronismo dejó de ser la mejor maquinaria político-electoral para durar en el gobierno. Porque volvió a ser la principal herramienta de transformación económica, social, política y cultural en la Argentina.

Acompañé al Kirchnerismo todo este tiempo pese a sus evidentes falencias y contradicciones; por la formidable asignación universal por hijo; por la notable reducción de los índices de desempleo, pobreza e indigencia; por la estatización de las jubilaciones; por los millones de personas que se pudieron jubilar sin haber hecho aportes; por los aumentos periódicos de jubilaciones y salarios; por la ley de medios; por la derogación de la ley de obediencia debida y por la inconstitucionalidad de los indultos; por el descabezamiento de las Fuerzas Armadas y la policía; porque el kirchnerismo tiene los enemigos políticos que yo quiero tener; por el apoyo constante a la producción y el fomento de las pequeñas y medianas empresas; por la estatización del correo, de las fábricas de aviones y de las transmisiones de fútbol; por haber puesto a los militares en su lugar; por los discursos de Cristina en la Plaza de Mayo; por la reinvidicación de los derechos de los pueblos originarios; por la ley que refuerza los derechos de las empleadas domésticas; por el principio de no reprimir las protestas sociales; por el apoyo a las cooperativas de construcción de viviendas; porque los 40 millones de argentinos los han proclamado como un gobierno popular; por haber descolgado el cuadro de Videla y por haber colgado los cuadros de próceres latinoamericanos en la Casa Rosada; por la amistad con los gobiernos latinoamericanos que impulsan el socialismo del siglo XXI; por canal 7 y por canal Encuentro; por la ley de inmigrantes; por la derogación de la ley de flexibilización laboral; por el apoyo a las Madres de Plaza de Mayo y por acompañar la búsqueda de hijos de desaparecidos por parte de las Abuelas.

Porque si se cae el kirchnerismo no viene un gobierno revolucionario y superador sino uno de derecha y reaccionario como lo estamos viendo con Mauricio Macri; me siento kirchnerista no porque sea un adulador incondicional de Néstor y de Cristina sino porque considero que ambos han marcado un antes y un después en la política argentina; soy kirchnerista porque creo que para cruzar el río hacia la orilla más limpia primero hay que embarrarse los pies como lo hicieron Nestor y Cristina.

Federico Real