Compartir:

Lo que no se bancan los cristianos, derechos y humanos personajes de la oligarquía nacional con el aval idiota del mediopelo funcional a los caprichos de una clase que les queda grande.


Usted no puede culparme, señor, no puede. Es posible que hubiera hecho lo mismo en mi lugar, mire lo que le digo. Porque nadie puede soportar tanta injusticia, tanta desvergüenza, de esos negros de mierda sintiéndose personas y gastándose mi plata en sus miserias. Yo no quiero mantener vagos, y claro, usted me dice que yo generalizo, que hablo por prejuicios, que repito lo que dicen en la televisión, pero no es eso señor, no es eso, yo me mato trabajando, yo pago mis impuestos, casi todos los pago ¿Y qué hacen con la plata que les pago? mantienen a estos monos impresentables que después hay que aguantarlos en la cola del supermercado comprando carne y la misma gaseosa que toman mis hijos. ¿Se puede aguantar algo así? ¿Se puede? Porque yo no pude, no aguanté más.

Y no me venga ahora conque sólo se trataba de un pibe porque esos son los peores, andan con la gorrita siempre puesta, como si quisieran avisarte que te van a robar. Ahí estaba, en ese carro inmundo juntando porquerías, de esas que les gusta juntar a ellos, total después comen y chupan con mi plata y con la de toda la gente como yo, argentinos de bien a los que los toman por tontos.

Ahí estaba el chorrito ese, con la cara iluminada por el resplandor de la pantalla de esa netbook que yo le compré con mis impuestos, metido en alguna de esas páginas que le llenan la cabeza con estupideces, con política, con esas gansadas de que todos somos iguales y lo de las oportunidades y todo eso que usted y yo sabemos que son mamarrachos de ese gobierno de mierda que por suerte ya no está.

En una de esas fue por eso, porque ya no estaba mamita para cuidarlo, será porque dentro mío sentí que había un cambio, que volvíamos a tener la manija de todo y que habíamos vuelto a la normalidad por suerte y ese pibe parecía no haberse enterado de que ya no tenía por qué creerse que podía parecerse a mi hijo al que yo le compré la netbook con mi trabajo, a mí no me la regaló nadie señor, en doce cuotas la saqué, con mi trabajo. Por eso lo hice, señor, por eso le destrocé la computadora contra el piso, porque de todas formas era mía, yo no mantengo vagos, señor, yo no mantengo vagos.

Alejandro Ippolito