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El actual gobierno, se ha planteado como una de sus prioridades llevar adelante una “modernización” del estado para hacerlo “mas eficiente”, gastando menos en personal, o sea echando a todos los que considere “excedentes” para dejar en funciones a los “estrictamente necesarios” lo que a primera vista parece una buena idea. Pero cuando avanzamos en el análisis de tan brillante propuesta, descubrimos que quizá no lo sea tanto.

Pondremos un par de ejemplos cotidianos como para ilustrar, el argumento del análisis.
¿cuando es mas eficiente un supermercado?
¿cuando tiene cuatro cajeros, o cuando tiene 20?
La respuesta es “según para quien”
Para el usuario, cuando son muchos. Para el empresario, cuando son pocos.
Ahora bien ¿que lugar ocupamos los ciudadanos en esa ecuación?
La respuesta es, que “estamos de los dos lados del mostrador”
Porque somos “el estado” y porque somos “los usuarios”
Esto nos lleva al siguiente nivel de análisis, en el que debemos plantearnos lo siguiente.
Pagamos el sueldo a mayor cantidad de cajeros para que nos atiendan mas rápido o pagamos con nuestro tiempo, paciencia y salud la ausencia de los mismos.
A esto debemos sumarle, que cuanto menor sea la cantidad de “cajeros” mayor será la carga laboral de los mismos, hasta convertirse en explotación (tal como ocurre en la vida real)

Otro ejemplo de “modernidad in extremus” es el utilizado por las compañías telefónicas.
En el que el usuario, es atendido por máquinas que nunca resuelven nada y solo los usuarios con templanza, espíritu de acero forjado y corazón saludable, podrán acceder a la voz de otro ser humano al otro lado de la linea.
Este sistema es extremadamente eficiente para las empresas. Pero ¿lo es para los usuarios? ¿queremos un estado en el que para solucionar un problema, tengamos que instalar una APP en nuestro teléfono inteligente?
¿Queremos otorgar al estado ese lugar frío y calculador carente de humanidad?
¿queremos un estado deshumanizado? Vuelvo a recordar que “El Estado somos todos”.

Lo que debería plantearse la sociedad en su conjunto, es que en la relación de los ministerios, secretarías y direcciones del gobierno para con los ciudadanos comunes quizá deberíamos plantear el término “eficiencia” desde otra lógica que no sea la empresarial. Porque tal vez la peor de las ideas es manejar al Estado como una empresa, porque por cada peso que dejemos de pagar en sueldos estatales, seremos nosotros mismos como usuarios los que sufriremos ese recorte en términos de calidad.

Daniel Arce