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1,10 de la mañana arribó Obama a una Buenos Aires difrazada con banderas norteamericanas, un triste espectáculo nocturno, tal como una prostituta vieja, luciendo atavíos que mas que agradar o atraer a sus clientes, dan señales inequívocas de sus manera de relacionarse con los demás.

Todo lo contrario ocurre afuera del feudo macrista por excelencia, dado que Bariloche, ciudad en la que se alojará obama, amaneció el dia 23, vestida de repudio hacia la visita.
Tal conducta desde un punto de vista protocolar es criticable, pero al darse en un contexto en el que el presidente Yankee decide visitar el país, exactamente el dia del aniversario de un golpe de estado sangriento, que costó la vida a 30.000 argentinos y gozó de la complicidad, apoyo logístico y económico norteamericano para llevarse a cabo, huelgan argumentaciones para que el repudio se justifique por peso propio.

No está mal que venga cualquier mandatario extranjero a visitarnos, lo que duele es ver la pleitesía vil, la entrega incondicional y la sumisión, de un gobierno argentino patético por donde se lo mire.

Como todo dignatario extranjero merece el recibimiento protocolar digno de una nación civilizada, engalanar el Centro Cultural Nestor Kirchner con los colores de la bandera del visitante, eso es agradable, es digno, profesional, pero de ahí a embanderar Buenos Aires como una colonia norteamericana hay una distancia que se llama dignidad y lamentablemente eso es algo que el presidente argentino desconoce por completo cuando piensa en sus negocios y los de sus amigos.

 

Daniel Arce