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He descubierto que en la medida que transcurren los años, mi espíritu se ha mantenido incólume, no obstante el cuerpo que lo contiene, ha dejado en el camino algunas características y que esos lugares vacantes han sido usurpados por otras peculiaridades similares, pero de diferente tenor. Y por ello he decidido compartir algunas observaciones al respecto.

Cuando era jóven mis abdominales se asemejaban a una bandeja de pancitos mignones, que con el paso del tiempo se transformaron en una gigantezca galleta hinchada.

La abundante cabellera me fué abandonando paulatinamente pero he sido compensado con abundante pelo en otras zonas impensadas, como la espalda, las orejas y las fosas nasales.

En mi juventud era habitual despertar por las mañanas, con el miembro duro como una piedra, esa característica se mantuvo, sólo que el miembro que amanece duro es otro, a saber la pierna derecha aquejada por una artrosis.

Aún recuerdo claramente cuando en mi juventud, el piso crujía, con mis pasos firmes y seguros. Hoy mis pasos son casi tan firmes como entonces sólo que ahora el crujido brota de mis articulaciones.

Cuando era joven, recuerdo que bellas mujeres se acercaban a mi con cualquier excusa, con el fin de entablar una posible relación que culminara en la procreación o algo por el estilo. Hoy en dia bellas las mujeres continúan acercándose a mi, pero para ayudarme a cruzar la calle o bajar del colectivo.

Pero es justo reconocer que hay cosas que no han cambiado, sino que fueron fortaleciéndose con el tiempo. Por ejemplo, en mi juventud me costaba horrores olvidar algún desengaño amoroso. Hoy no solo olvido los desengaños rápidamente, sino que también olvido, donde dejé el auto, o el nombre de mi secretario, inclusive olvido con frecuencia subirme la bragueta.

Como ven, la ley de las compensaciones funciona a pleno en todos los casos, solo hay que mantener una mirada aguda y optimista a pesar del #Cambio. Caramba! que coincidencia.

Daniel Arce