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El primer bimestre de este año arroja como saldo un preocupante llamado de alerta a los pequeños y medianos productores de alimentos de la Argentina. Resulta que el desmantelamiento del entramado de trabas impuestas por el gobierno kirchnerista en defensa de este sector a las importaciones de alimentos resulta, como es lógico en un aumento preocupante de alimentos que entran al país provenientes de otros países.

Así, por ejemplo, nos encontramos en las góndolas productos alimenticios de lugares tan ajenos a nuestra idiosincracia como por ejemplo pomelos israelitas, o pescado de Tailandia (como si en nuestra enorme plataforma nacional oceánica escaseara. Recientemente incrementada en un 35% merced a la gestión kirchnerista). Las importaciones de carne porcinas directamente se duplicaron, pasaron de 728 toneladas a 1.510 toneladas respecto a 2015. Pero ya los productores porcinos tuvieron en el pasado una triste experiencia similar, cuando la importación de cerdo del Brasil fue en detrimento de la producción local, provocando que muchos tuvieran que volcarse forzosamente a otro rubro. Y en estos dos meses no sólo ingresó carne porcina del Brasil, sino que también hubo un ingreso importante desde un lugar tan lejano como Dinamarca.

Respecto al pescado, hubo un incremento en las importaciones de un 27% y va en aumento, lo cual empieza a preocupar y mucho a los empresarios locales. Como ya mencionamos, se evidencias fuertes incrementos de las compras a Tailandia, aunque aún el mayor importador sigue siendo Ecuador.

Pero lo más alarmante, es ese regusto amargo a un “dejà vu” por el ingreso de pollos provenientes de Brasil. Ya empiezan a surgir voces, y cada vez más fuertes, reclamando que el gobierno nacional se digne a defender al productor local, “por lo menos en lo que respecta a productos importados sensibles”.  En Entre Ríos, los diputados provinciales Gustavo Zavallo y Daniel Koch (UNA/FR) presentaron un proyecto de resolución que reclama la intervención oficial.

Los invitamos a recorrer las góndolas de los grandes supermercados y leer con atención las etiquetas de los productos allí ofrecidos, esa simple observación dará cuentas sobre el difícil camino que están iniciando los pequeños productores agroganaderos locales. Ya nos tocó ser testigos de, por ejemplo, ser testigos de encontrar en venta un kilo de naranjas españolas a $100 a sólo 150 km por ruta de una de las zonas citrícolas por excelencia, como es la localidad de Bella Vista, en la provincia de Corrientes.-

Patty Mariño Issler