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Nos mandaron un e-mail anónimo a la redacción, con una carta firmada por un tal “Grasa Militante” y nos pareció que merecía la pena ser compartida con nuestros lectores. Hete Aquí


Hola: Soy un grasa militante, uno mas de los miles, millones que se yo.
Que resignó horas familiares, que puso vida, pasión, tiempo y hasta contó monedas de su bolsillo para ir en bondi a golpear puertas de gente desconocida y pedir que confiaran en quienes yo confiaba.

Soy un grasa militante, que literalmente mandó a la mierda a mas de un pariente, cuando se desubicó y tildó a todos los kirchneristas de “Chorros” soy ese mismo, que se las rebuscó como pudo, para estar en todos los actos y ser un granito de arena mas, que conformaba ese mar de militantes, con sueños, con ideales, con banderas, con lágrimas.

Soy ese mismo grasa militante que repartió día y noche esas boletas con sus nombres, manteniendo hasta conversaciones acaloradas y discusiones con argumentos en mano, para convencer aunque sea a uno mas, de que confiara en ustedes como yo lo hacía, porque estaba convencido y me jugaba por quienes se ganaron mi confianza.

Soy un grasa militante que no les está pasando factura, que no los va a acusar de traidores, que no los va a insultar por las redes sociales ni con un aerosol en las paredes, porque los tiempos cambiaron y mucho.
Si algo modificó la conciencia de los argentinos que defendemos el Proyecto Nacional y Popular, esos fueron Nestor y Cristina, que con virtudes y defectos, con aciertos y errores, jamás defraudaron a un solo votante. No dejaron las convicciones en ningún lado, y por eso nos enamoramos de la política, por eso nos transformamos en militantes fieles.

Como les decía, el tiempo de los tibios, de los de convicciones flojas, de los “librepensadores” y de los rosqueros se terminó para millones de argentinos, que descubrimos que mas allá del chamullo hay una forma posible de hacer política a partir de las convicciones.

No voy a dar nombres, no hace falta. Pero tengan por seguro que cuando cada uno regrese a su pago chico, recibirá el calor, el abrazo, el apoyo, o la indiferencia y el rechazo de miles, o millones de militantes como yo, que no insultarán, ni atacarán pero tendrán muy claro a quien dedicarle las horas de su vida y su amor a la política, y todo dependerá de la manera digna o indigna en que nos hayan representado, en el Sagrado Congreso de la Nación Argentina. Háganse Cargo.

Un Grasa Militante