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En incontables oportunidades durante la campaña de Mauricio Macri, que continúa inmerso en ella, aún transcurridos mas de 100 días de su arribo compartido junto a su perro “Balcarce” al sillón de Rivadavia, la expresión “Debemos ir hacia un país normal”
Y es lógico que si le aplicamos una dosis de pereza mental, como ingrediente fundamental del combustible del #Cambio, el asunto suena tentador.

Ahora, pongamos la patita en el freno de la pelotudez y pensar un cachito, si es que no resulta demasiado agotador. ¿Que cosa es “la normalidad” para cualquier argentino de mas de 30 años?

Y la respuesta salta a la vista. Porque si tenés mas de 30 años, viviste al menos 20 donde “lo normal” era que un trabajador no pueda comprarse un 0Km.
Un país normal era el que tenía una deuda externa sin “X” o sea ETERNA.
Un país normal, era el que se subordinaba con relaciones carnales a cualquier potencia extranjera o bien se sometía a los designios de organismos “multilaterales” como el FMI que dictaban trimestre tras trimestre los planes de ajuste y empobrecimiento.
Lo normal para varias generaciones de Argentinos, era no llegar a fin de mes.
Lo normal era el tarifazo, el ajuste, la ausencia del estado como contrapeso de las corporaciones.

Lo normal era la “Plata Dulce” de la especulación.
La inflación de 3 dígitos y hasta 6 dígitos anuales.
El país normal, era el que tenía 25 puntos de desempleo y si vivías precarizado no te jubilabas, o si tenías alguna discapacidad, había “cupos” y tenías que esperar que muera otro discapacitado para acceder a tu derecho.
Un país donde tras un brutal y asesino golpe de estado cívico-militar-eclesiástico, el diario mas importante del país titulaba “Total Normalidad”

Lo normal era que el hijo de un trabajador no tuviera los mismos derechos de los que puede gozar uno de clase mas acomodada.
El país normal, era uno en el que se desguazaba al estado y se lo vendía al peor postor pero a la mejor cometa.
Un país normal era el que aprobaba leyes con un diputado trucho o con la tarjeta banelco.
Un país normal, era el que tenía una servilleta con un listado de jueces impresentables, corruptos y genuflexos al servicio del poder corporativo que digitaba los vaivenes de la política.
Un país normal era el que tenía una televisión estúpida y sin un puto canal con contenidos aceptables.
Un país normal, era el que vivía crispado y convulsionado, gimiendo taquicárdico al ritmo del “Riesgo País” o el “Precio del Dolar”
Un país normal, era el que un empresario corrupto como Mauricio Macri era condenado con sentencia firme por contrabando de autopartes, Y una corte tan corrupta como el lo “excomulgaba” aunque le fuera la cabeza en ello.
Ese país normal, donde la moneda corriente era el “algo habrán hecho”
Esa normalidad brutal en la cual, para encontrar a un desnutrido, no había que ir a lo profundo del impenetrable para filmar a un Qom, sino que era suficiente con asomar a la puerta de calle de cualquier barrio de clase media.

Y en honor a la verdad, debemos felicitar a Macri y a sus votantes, porque el primero no se apartó un ápice de su promesa de “normalización del país” y a los segundos por tener la clarividencia de votar a quien no los iba a defraudar y mediante el tan remanido #cambio, nos llevaría a los empellones hacia ese “País Normal” a una velocidad pasmosa.

Salud! devotos del #Cambio! brindemos por el país normal, que en un abrir y cerrar de ojos nuestro presidente con el acompañamiento de muchos nostálgicos o desmemoriados (no estoy seguro) está a un pasito de convertirse en realidad.

Daniel Arce