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Es lamentable como se ha transformado en habito escuchar a nuestro presidente, trenzado en feroz lucha con un inconsciente que le hace la vida imposible y revela muy a su pesar sus verdaderas intenciones.

Mirarlo y escucharlo en alguno de sus discursos, se asemeja a mirar una película berreta de guión trillado, ya sabemos lo que va a decir, ya sabemos que va a trastabillar con los verbos, sabemos que balbuceará y se quedará en blanco cada que el inconsciente se satura de contradicciones con lo que realmente piensa.

En algún sentido debemos reconocerle un acierto y una virtud a Macri.
Esto es la decisión de privarnos de cadenas nacionales, que tanto en contenido como en formas estarían muy por debajo de la peor de las novelas clase “c” enlatadas para relleno.