Compartir:

Fue llegar tipo 9 de la mañana y enfilar por Madero hacia Comodoro Py, bajo la lluvia tenaz que parecía desafiar la voluntad de ser parte de un evento histórico. Un evento que prometía rememorar los días mas felices, sentir esa comunión con los miles que como una marea nos íbamos apretujando por ese desfiladero en que se convirtió la avenida.

Y ahí fue cuando se produjo la magia y cada uno se fué convirtiendo en parte de un todo, que vibró, que saltó, que cantó, que bailó. Y ahí la lluvia dejó de ser importar, mojados hasta los huesos pero felices, sintiendo que la propia plenitud se reflejaba en cada mirada de los que nos rodeaban.Comodoro Py

El aire se fué cargando de emociones hasta que salió el sol, agarró el micrófono y le arrebató la gorra al diablo una vez mas.
Ahí de frente, en su cara, ese sol brillante que iluminó al pueblo por una década, estaba íntegra, quemando la lengua de los lagartos, en su propia madriguera, diciendo las verdades como siempre, de frente, dando cátedra de lo que debe ser un conductor político, sin tibiezas, con el alma a la vista de todos, frontal, desafiante, única, así como enamoró al pueblo mas humilde desde su primer dia de gobierno.

Fué según dicen una hora, (en lo personal el tiempo dejó de transcurrir) con paciencia de madre sabia, orientando sin imponer, aclarando lo turbio, mostrando el camino. Hablándonos a todos por igual. Y vaya si era interesante lo que dijo, que hasta la lluvia se paró para escuchar su mensaje; y el otro sol, ese que sabe Dios por que causa estuvo oculto y eclipsado, decidió salir y secar los rostros de la multitud. Pero no pudo, porque las gotas que rodaban por las mejillas no habían caído del cielo, sino de lo mas profundo del corazón del pueblo.

Daniel Arce