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Una abuela de la cual lamentablemente no tenemos datos filiatorios, recita unas cuartetas que comienzan como el preámbulo de una larga y fructífera relación amorosa, pero a la que de pronto le pinta el feminismo a pleno, muerde la banquina y termina su recitado con una frase antológica.

Cuando nos planteamos la idea del sentido de llegar a viejos y vemos este tipo de ejemplos, a uno le dan ganas de vivir mil años, porque sin lugar a dudas, llegar así como esta señora. Vale la pena.