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Nuevos paisajes y vivencias golpean la cara de los argentinos como una ola impiadosa e imparable desde que el gobierno de la alegría y el cambio, tomó las riendas del país. No somos pocos los que después de años volvimos a atender la puerta y nos encontramos con alguien pidiendo comida. O los que visitamos algún comedor barrial solidario y vemos con un nudo en el estómago como las familias concurrentes se multiplican como hongos y no hay comida que alcance ante la demanda creciente.

En este caso compartimos una imagen tomada en el Barrio Congreso de la Capital Federal, en la que una larga cola de personas esperan para recibir un plato de comida caliente en una parroquia. No está bueno hacer política con el hambre, como tampoco determinar y aplicar políticas de hambre para el pueblo. No es razonable seguir hablando de “la pesada herencia” Es ofensivo, es cruel tanto cinismo para cubrir la incompetencia y la ideología neoconservadora que está hundiendo al país en lo mas profundo de la ignominia. Volvió la alianza, volvió el hambre, vuelve el dolor de 2001.-

Daniel Arce