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Que las quemen, sí. Todas las cunas, los moisés, los kits, las mantitas que arrebujan del frío y la miseria.

Que todo crepe, la mamadera, el chupete, el sonajero. Que ardan. Llamas grandes, rojizas, que quemen todo, los cuadros, las consignas, métanle fuego desde abajo, mucho fuego inquisidor y vengativo.

Quemen los edificios, las banderas, todo lo que les signifique un rastro, un indicio de que aquí estuvimos. Quémenlo todo, los bustos, quemen las escuelas, los hospitales, las universidades, quemen los trenes y los aviones.

Que haya fuego y que se vea desde todos los rincones, quemen las computadoras, los beneficios sociales, quemen la inclusión y todo lo que huela a kirchnerismo, pero cuando ardan las calles, cuando la humareda les ciegue los ojos y una tos seca les ahogue el grito, allí estaremos nosotros y nosotras; haciendo arder la memoria, empuñando la dignidad y los sueños y cuiéndense, de nuestro hambre y nuestra bronca.

Silvio Alcoba Rosa