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Miércoles. Día “marcado” para esa escuela secundaria de Resistencia. “¿Te diste cuenta de que todo ocurre en miércoles?”, advirtió un docente a una compañera de trabajo. Y sí, en lo que va del año, la mayoría de las “calamidades” ocurrieron en ese día. Tal vez sea porque es el día en que más alumnos y docentes concurren a la escuela. Tal vez por alguna extraña y desconocida fatalidad aún no develada.
Advertidos del nefasto oráculo, los miércoles todos transitan por la escuela como caminando sobre algodones. Cautos y hasta temerosos andan. La tarde transcurre sin mayores novedades. Y, cuando parece que éste será un miércoles de excepción, sucede. Un policía se presenta pidiendo datos de una alumna al tiempo que una preceptora avisa: “En la vereda, la cana está apretando a un pibe”; y todo se vuelve miércoles.
El policía informa que “en la puerta de la escuela, hay un delincuente en actitud sospechosa que dice ser el hermano de una alumna y que fue denunciado por un vecino”. El parentesco es cierto. El directivo a cargo sale a la calle. Lo que ve lo deja tieso. Cuatro policías varones y una mujer policía rodean a un joven de no más de 17 años. Los cuatro policías están armados. La policía, también. En el rostro morocho del joven se pueden leer claramente el desconcierto y el miedo. Balbucea. Sostiene tembloroso una gorrita entre sus manos. Junto al árbol, su bicicleta.
La situación se vuelve tensa cuando el docente exige a los policías que le informen el nombre del denunciante. “Acevedo”, responde dubitativo uno de los policías. Se tensa aún más cuando, al escuchar que uno de los policías le advierte al pibe que siempre debe andar con su DNI el docente sentencia: “Perdón, ¿desde cuándo es obligatorio andar con los documentos de identidad?”. Los policías quedaron mudos. La policía, también.
La normalidad vuelve tras una llamada telefónica de uno de los policías. Tal vez a su jefe. El tal “Acevedo” parece no existir. El “delincuente” no es tal. Está intentando terminar su secundaria en una escuela especial. Su gran tarea es buscar a su hermana del colegio.

Su delito: andar en bicicleta, con gorrita ¡¡¡siendo morocho!!!

Hay algo que queda flotando en la cabeza del docente. Morocho, el joven. Morocha, la alumna. Morocho, el vicedirector. Morochos, los policías. La policía, también.
José Luis Brés Palacios