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Dejame en paz
-Ay no, por favor, qué horror, pobrecita, ahorrame los detalles.
-Cambiá de canal, ¡no puedo ver eso!
Si, dale, estos detalles ahorrámelos, no quiero saber que tenía 16 años, no quiero pensar que la rompieron por dentro, que murió en medio de una agonía que no tengo ni el coraje de imaginar, porque me pone incómoda.
Dejame de joder, ¿entendés? Dejame con mi paz, mis posteos de atardeceres y frases de autoayuda, no me vengas a ensuciar mis paredes impecables con su sangre, no me digas su nombre, porque eso la hace real y yo prefiero creerla un episodio de la tele, un horror que termina cuando cambio de canal.


¿No entendés que no quiero, no debo, no puedo? Porque si acepto que es verdad, tengo que coincidir con esas salvajes que salieron a pintar paredes y monumentos, tengo que gritar como ellas, hasta que se me desgarre la garganta, tengo que llorar como ellas, hasta que me sangren los ojos, tengo que morirme un poco y salir a ensuciar muros para que nadie, nunca más, pueda dormir tranquilo hasta que dejen de matarnos.

Tomado del muro de Ceclia Solá