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Ella no es ella.
Ella no es Cristina, la piba de La Plata. No.
Es la generación que hablaba de amor en plena noche.
Es el sueño cumplido de los hippies.
Es la revancha de los tiroteados en los 90.
Es la vuelta del exilio.
Es mi viejo emocionado.
Es la sonrisa de Carlotto.
No es la mujer de Néstor. No es la mujer de nadie, es de ella.
Si lo decide abre multitudes, cabezas, corazones.
Se ponen de pie los caídos en Malvinas.
Los intelectuales callan para verla pasar. La ciencia se toca el corazón.

Ella no es ella, es un suceso.
Sus lujos son la rebeldía de los pobres.
Cristina se para en la ONU poniendo de pie a los históricos arrodillados.
Ella es promesa, pero también es certeza.
No es madre, no es hija, no es nada que vincule a nadie . Ella es ella y somos todos.
Camina y caminamos todos, porque ella avanza y no deja a nadie atrás. Odiada por poderosos y televidentes. Amada y admirada. Despertar pasiones es mucho en un mundo dormido.
Ella cabecea, se toca el pelo, perfuma, y así, da vuelta un continente.
Pone de cabeza a la potencia. Le temen.

Porque ella no es ella.
Somos todos.