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A la conocida y querida Elizabeth Vernaci, el gobierno de la ciudad le clava una multa por mal estacionamiento y le piden que vaya a una audiencia con un inspector para presentar su reclamo. Ella bastante fastidiada decide llamar por teléfono para arreglar el asunto, pero cae inexorablemente en la conocida maraña de contestadores, publicidades, encuestas y telefonistas que no solucionan un carajo pero le hacen perder un hermoso tiempo que la deposita en el punto de partida.