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He visto un reportaje, en el que el presidente lloró. Algunos le creyeron, otros no, otros se burlaron y unos pocos lo defendieron. Por eso quisiera dedicar estas líneas directamente al señor Mauricio Macri, para hacerle un pedido desde mi lugar de Ciudadano Argentino. Por favor no llore señor presidente. Lloran los chicos cuando no pueden expresar o canalizar sus deseos, lloran los impotentes, cuando ven que no tienen la capacidad para triunfar en lo que se propusieron, lloran los deportistas cuando pierden irremediablemente la oportunidad de haber sido campeones, lloran los enamorados cuando no son correspondidos, lloran los púberes caprichosos, cuando el mundo no se adapta a sus deseos, lloran los deudos ante la muerte irremediable. Lloran los cobardes que no tienen el coraje de enfrentar un desafío que los supera.

Pero la gente admirable, la que despierta confianza, la que dan ganas de apoyar, de jugarse por ella, no llora. No lloran las madres que hacen colas durante horas en hospitales atestados para hacer curar a sus hijos, no lloran los trabajadores que aún sabiéndose explotados, realizan la fatigosa tarea para ganarse el pan, no lloran los grande gobernantes aún agobiados por dolores inimaginables.

No he visto llorar a Cristina cuando durante meses, los amigos suyos señor presidente, realizaron un lock out patronal salvaje para derrocarla, no la he visto llorar tampoco, cuando el vicepresidente Cobos la traicionó. Tampoco lloró cuando la insultaron, cuando la bastardearon, cuando hicieron cacerolazos, cuando le gritaron, “loca” “puta” “yegua” “Konchuda”. No señor, no lloró siquiera cuando durante horas estuvo de pié ante el incesante desfile de dolor de todo un pueblo, despidiendo públicamente a su compañero de vida, de luchas, de sueños. No señor, no lloró.

Porque el llanto señor presidente Macri, no es privativo de géneros ni de sensibilidades. El llanto es esa delgada línea que separa en este caso, la dignidad y el coraje, de la vergüenza y el cinismo.

Daniel Arce