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La disconformidad es generalizada y se agudiza minuto a minuto. El problema para el gobierno, es que el latigazo económico comenzó a caer sobre las espaldas de los que tienen voz, porque mientras las cabezas que rodaban eran de personal contratado, precarizado o informales, el Titanic de la mentira de Macri se sostenía sin sobresaltos, ya que las cabezas que aplastaba con sus medidas no provocaban oleaje.

Pero en estos últimos días, personajes que simpatizaban incluso con la globotomización de la economía veían con buenos ojos, a esos ojos azules que bailaban y hablaban de pesada herencia, (aún sin haberlo votado) comenzaron a encarajinarse y hacen público su descontento con frases tan académicas como las que pueden nacer de las medidas del gobierno. Esta vez saltó Miguel Angel Pierri, pero no es el único ni el primero, ni el último.

Esta noticia no es para alegrar a nadie, sino para poner las barbas en remojo y comprender que el mejor gabinete de los últimos 500 años se patinó la chequera de confianza, que la sociedad toda le entregó con su voto.