Compartir:

La xenofobia sigue avanzando a pie firme en nuestro país, de la mano de discursos de odio de varios personajes del arco político local y aunque parezca que no debería tener relación, el discurso del triunfante y lejano Donald Trump también tiene su cuota de responsabilidad en el envalentonamiento de estos muchachos.

La verdad es que hace una semana Migraciones y Anses firmaron un acuerdo a fin de corroborar la residencia de los beneficiarios de prestaciones sociales. Y como consecuencia inmediata, por las dudas, congelaron las cuentas de todos los jubilados extranjeros hasta que se culmine el entrecruzamiento de datos, cosa, que por cierto, no tiene fecha establecida.

Por lo tanto, miles y miles de jubilados y pensionados cuyo único delito fue nacer en otro país, pero, que por ejemplo viven en la Argentina hace montones de años, trabajaron y tributaron la mayor parte de su vida útil en nuestro país, y que obviamente dependen del beneficio para su supervivencia, quedan a partir de ahora en el limbo de la Globósfera M.

Cada vez se arraiga más en nuestra sociedad la idea de que hay que discriminar a los nacidos fuera de los límites de nuestro país,  intentando arrastrarlos hasta la responsabilidad de las problemáticas sociales, incluso señalándolos como enemigos.

Tengamos por caso el ejemplo de la señora Dora, contado por La Izquierda Diario, paraguaya, que llegó a nuestro país en el año 1982, escapando de la dictadura del generalísimo Stroessner. La señora Dora vive desde entonces en el corazón de la ciudad de Buenos Aires trabajando a destajo en casas de familia, como empleada doméstica, por supuesto en negro. El lunes, luego de realizar todos los trámites, se dirigió a la sucursal del Banco Francés para cobrar por primera vez su Pensión Universal para el Adulto Mayor, la irrisoria suma de $4.000, que corresponde sólo a un porcentaje del haber mínimo. Pero Dora, a pesar de haber dedicado los últimos 34 años de su vida a trabajar en nuestro país no pudo percibir su haber por el solo hecho de ser una paraguaya de 70 años.-

Patty Mariño Issler