El día jueves fue fatídico para el presidente en cuanto a transporte se refiere. Luego de la truchada del “colectivo imaginario” que copó las redes sociales, se supo que se retiró del descampado en un helicóptero, donde protagonizó un incidente que afortunadamente no tuvo consecuencias graves, sólo materiales.
Luego de visitar en Gran Buenos Aires, entre cuyos destinos estuvo la controvertida puesta en escena del colectivo de la línea 520 en Pilar, el Presidente fue llevado a Olivos en un helicóptero de la Policía Federal.
Al descender del transporte, el primer mandatario le da un involuntario rodillazo a una palanca del helicóptero, lo cual luego tuvo consecuencias para el aparato. Cuando el piloto emprende vuelo, ya sin el presidente a bordo, constata que el tablero le marcaba que algo no funcionaba bien: marcaba una “baja de velocidad en las aspas”.
Había sucedido que el rodillazo del presidente activó un cortacables del mecanismo, lo cual le produjo una inestabilidad y se vio obligado a aterrizar.
Según informaron fuentes del entorno de presidencia, el piloto no corrió peligro, y tampoco fue un aterrizaje de emergencia, sólo fue por precaución.
Lo cierto es que el helicóptero deberá ser reparado y no volverá a volar en un tiempo. Los costos de reparación se suman a los costos acarreados por la puesta en escena berreta del colectivo 520 de Pilar, a saber: 1 docena de móviles antimotines, 2 camiones hidrantes, 1 escuadrón de agentes especiales, 1 móvil blindado del presidente 4 automóviles con 4 guardaespaldas cada uno y todo pagado con la plata de tus impuestos.
Patty Mariño Issler