BREVE RELATO SOBRE UN ARGENTINO QUE CREYÓ QUE PODÍA VOLAR

Te paraste en el borde del acantilado, ebrio de odio y me dedicaste tu mejor mirada. La venganza anidaba en ella. Reíste carcajadas y gritaste "Puedo Volar".

Confieso que tuve miedo, por vos y por mi, porque advertí que nuestros destinos estaban inexorablemente atados y tu caída no sería solamente tuya, porque arrastrarías a los tuyos y a los míos. "NO SALTES!"te grité desesperado, para que me escucharas, pero estabas demasiado borracho de rencor para entenderme y agitaste tus incipientes alas desafiante (porque en estos años te habían crecido alas) "¡NO ES LA FORMA!, ¡NO ES EL MOMENTO!" "¡PENSÁ EN VOS, EN MI, EN TUS VIEJOS, EN TUS HIJOS, EN LOS MÍOS!" Pero fue imposible, seguiste inclinándote hacia el vacío gritando "¡AL FIN PODRÉ VOLAR!"

Y saltaste al vacío, sintiendo el vértigo inicial de tu caída. Lloré al verte, lo confieso, a sabiendas que era en vano, con la plena conciencia de que no podrías volar, ni vos, ni ninguno de los ilusos con alas incipientes. El vuelo estaba reservado para esas aves oscuras que siempre volaron por sobre nuestras cabezas y vos miraste con envidia desde tu niñez.

Y de pronto comprendo tu odio hacia mi, hacia nosotros, veo como en una epifanía ,el motivo de tu decisión. ¡Son estas cadenas que nos atan! llamalo "diferencia de clases" llamalo "castas" pero las cosas son así. Tenemos cadenas invisibles que nos unen y ahora tu caída, es nuestra caída.

Vi al principio preocupación en tu mirada y ya habías dejado de mirarme desafiante. Tu risa había dejado de estremecer el aire del nuevo día. Y a medida que la caída se fue tornando inexorable, inevitable, siniestra y final. Te fuiste acercando a mi y me pediste perdón. ¿Pero para que perdonarte? ¿en que puede mejorar nuestro final inevitable con mi perdón? ¿que le suma?

Ahora comprendés que renunciaste a la vida, en el momento de saltar, ya estás muerto (desde el momento en que saltaste) o mejor dicho, lo estamos. Vemos el triste espectáculo en derredor de miles, de millones, cayendo al vacío como vos y yo.

Entonces ¿para que perdonarte? Prefiero que las cosas queden así. Sin odios, sin rencores y con la esperanza de que en la próxima vida que comenzará una y otra vez luego de cada elección presidencial, lo pienses mejor y antes de burlarte, mires las cadenas que te atan a mi, veas tus pies sucios con el mismo barro que los míos y no te atrevas a saltar al vacío, al menos hasta ese día en que todos tengamos nuestras alas mas robustas, para asegurarnos el vuelo colectivo y derribar a esas aves rapaces y oscuras que nos encadenan al barro y nos impiden volar.

Daniel Arce