En Salta, en la sede de PAMI en pleno centro de la ciudad, tuvo su consecuencia directa lamentable y discriminatoria. El último miércoles, cerca del mediodía, era un hervidero de gente, haciendo cola, con papeles, sacando turno, bah, lo habitual en esas oficinas a mitad de semana.
Ante uno de los mostradores, se encontraba una señora, regordeta ella, bajita, tez oscura y rasgos típicos norteños, escuchaba atentamente el listado que la atenta empleada del organismo le leía, mientras guardaba en una bolsita plástica, las cajitas con sus preciados medicamentos, obviamente gestionados trabajosamente ante la obra social y largamente esperados.
Hasta ese momento, una escena habitual. Pero, de la multitud, arremete un furibundo hombre, que al grito de “BOLIVIANA DE MIERDA, VOS TE ESTÁS LLEVANDO NUESTROS MEDICAMENTOS!”, ESTE GRITO ACOMPAÑADO CON UN GOLPE DE PUÑO QUE IMPACTA DE LLENO EN EL PECHO DE LA SEÑORA.
La mujer cae contra el escritorio, se golpea, dolorida, aturdida, sin entender muy bien qué pasaba, atina a balbuciear que es Salteña, en vez de enojarse porque el desgraciado no debe discriminar, no debe golpear no debe. La señora parece pedir disculpas por su aspecto exterior.
Confusión. Gente que grita. La policía aparece y aparta al hombre, no se sabe si para apresarlo o para que nadie se tiente a devolverle la “atención”. Algunos de los presentes intentan calmarla, alguien le alcanza las cajitas con medicamentos que con el golpe se desparramaron por el piso, otra le pregunta con tono amable si era boliviana (como si eso justificara algo)
“Nací en Cachi, viví acá toda mi vida”, balbuceó.
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