Luis Almada, el pollero cordobés que puso una fundación para ayudar a jóvenes en situación de calle que se hizo conocido porque el año pasado le envió un video al presidente Mauricio Macri, y luego recibió una llamada del presidente, obviamente filmada y replicada en sus redes sociales, para luego visitarlo en el fragor de la campaña.
Comió pollo con papas fritas, hizo promesas, filmaciones “caseras”, muchas fotos, promesas varias, arenga ¡Sí, se puede!” a los vecinos que se agolparon en la puerta. Meses después, alrededor de 8, pasada la campaña, el pollero volvió a filmar un video con lágrimas en los ojos reclamándole el cumplimiento de sus promesas al presidente. El hombre tuvo que cerrar la fundación que había abierto, ilusionado en que la ayuda prometida llegaría, poniendo dinero que no tenía, endeudándose, y luego, abrumado debió cerrar y hacerse cargo de las deudas.
Hoy, vuelve a filmarse y vuelve a pedirle a Macri que le cumpla. ¿Será ingenuo? ¿Naïf? O simplemente un pelotudo?
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